Us adjuntem aquest comunicat molt acertat i real del perquè de tanta destrucció i pèrdues de vides humanes, fora de tant soroll i falsetats que s'han dit les darreres setmanes tant a mitjans de comunicació com per les xarxes, arran de la tragèdia catastròfica de València.
Organització del centre ibèric de restauració fluvial .
LO QUE HA PASADO
Una DANA intensa, estabilizada en media Península y alimentada por un Mediterráneo recalentado ha generado unas lluvias de gran volumen e intensidad en diferentes territorios, alcanzando valores máximos en el interior de la provincia de Valencia. Desde ahí, los ríos, barrancos y ramblas han hecho su trabajo de evacuar el agua y el sedimento hasta el mar. Y las llanuras inundables han hecho también su trabajo de ensanchar el proceso, disipar su energía y almacenar agua temporalmente. Un proceso natural normal, aunque haya sido con valores extremos, como otros que se produjeron a lo largo de la historia y otros que se producirán. Un proceso natural necesario para el equilibrio planetario y su salud global, para reajustar el equilibrio atmosférico con el equilibrio hidrogeomorfológico terrestre y marino.
UN CAMBIO DE PARADIGMA
Un proceso natural de estas características y de esta magnitud, e incluso mayor, es previsible que se registre en el futuro con mayor frecuencia en la Península, como consecuencia del cambio climático antropogénico que nos ha ido llevando a temperaturas cada vez más elevadas, que no se ha frenado y que nos impulsa a fenómenos extremos cada vez más frecuentes. Esta previsión, avalada por numerosos estudios científicos, requerirá cambios importantes en la actividad y el asentamiento humano, que deberán regirse de forma urgente y creciente por los principios de humildad, prevención y adaptación.
Podríamos aventurar que procesos climáticos extremos como este, están entrando ya en un nuevo terreno/paradigma, más similar al Vulcanismo. Es decir, procesos que no se pueden contener de forma eficaz con infraestructuras y para los que las únicas medidas eficaces ante ellos son retirar de su alcance los asentamientos, y evacuar con rapidez y eficacia a la población que permanezca. Será por tanto muy importante mejorar y profundizar en todo lo relacionado con la prevención, capacitando a la población e incluso desarrollar simulacros en zonas con especial riesgo.
LAS CONSECUENCIAS
Los daños de la catástrofe son en su totalidad responsabilidad humana, por exposición y vulnerabilidad, en una zona muy urbanizada y no adaptada a los procesos naturales extremos, ni siquiera en condiciones climáticas normales. La propia urbanización impermeabiliza el terreno, sumando lo que llueve in situ a los caudales, y los cimientos y garajes subterráneos que ocupan el aluvial empujan más agua a superficie. Todo esto convierte en sinérgicas los tres tipos de inundaciones habituales: inundaciones pluviales (ocurre cuando un evento de lluvia extrema crea una inundación independientemente de que haya un cuerpo de agua desbordado), inundaciones fluviales (o inundación de río) y freáticas (cuando se produce una subida excepcional del nivel de la capa freática más cercana al suelo).
El arrastre de sedimentos, fruto de una erosión que en ocasiones también se ve incrementada más allá de lo que sería natural por la deforestación o degradación del territorio de la cuenca, unido al arrastre de materia vegetal de especies invasoras como las cañas (Arundo donax), vehículos, enseres, etc., incrementan los volúmenes y la capacidad de generar daños de los flujos de agua.
A su vez, los puentes mal dimensionados, las vías de comunicación y otras infraestructuras instaladas en las llanuras inundables han alterado los flujos y han conducido y agravado el problema hacia zonas concretas. Existen calles, viviendas, residencias de mayores, centros educativos, servicios públicos básicos en áreas de máxima inundabilidad.
Se sabía que esto iba a pasar, porque nuestras poblaciones se han venido desarrollado sin la ordenación territorial y planificación urbanística adecuadas en las últimas décadas, anteponiendo los intereses económicos a la prudencia. Esto podría haber pasado en otros lugares y lamentablemente lo hará en el futuro, pues hoy en día disponemos de herramientas, cartografía de zonas inundables, estudios de riesgos, estudios sobre los efectos del cambio climático, etc., que nos permiten ser muy conscientes de que buena parte de nuestros territorios no están adaptados y son altamente vulnerables, en resumen, se conocen los riesgos.
Aquesta és la realitat actualment que tenim i estem convivint amb el perill permanenment en zones potencialment inundables, pasaran 10,20, 30, 50 anys o mes, però disbarats d'aquest tipus seguiran passant a tota la conca mediterrànea, accentuats per la vulnerabilitat de tot el que ens envolta com són l'urbanisme descontrolat i les infraestructures que manté la societat moderna.